Hay muchas evidencias científicas que demuestran que el uso de pantallas en menores de 3 años perjudica su salud física, mental y relacional. Sin embargo, los datos van en la otra dirección: cada vez el acceso a los dispositivos electrónicos se da a edades más tempranas. La pedagoga Annna Ramis acaba de publicar el libro ‘De o a 3, ¿nada de pantallas? y hemos charlado con ella.

  1. Anna, das un dato escalofriante en tu libro: ¡Niños y niñas de entre 0 y 3 años, y pasan de media 2 horas y media diarias frente a pantallas! ¿Esto es negligencia parental o falta de información sobre las consecuencias? 

El dato escalofriante es el resultado de sumar minutos de pantallas en momentos inadecuados con otros que podría no ser del todo nocivos: Si sumamos los minutos de pantallas que se simultanean con las comidas, con el acostarse y con “dejar” a los niños quietos para que “no molesten” a las mamás o papás (que son los que deberían evitarse), con algunos minutos de ocio /distracción  (que son los que pueden permitirse, con algunas condiciones) ahí tienes el resultado.

Los tres grandes motivos: La ignorancia, los tópicos, y la facilidad.

  • Todavía hay muchas madres y o padres que no tiene información de lo inadecuado que es poner a sus hijos menores de 3 años delante de las pantallas, y cuáles son las consecuencias para la salud del abuso de pantallas en estas edades.
  • Hay dos tópicos socialmente muy difundidos que empujan a hacer servir las pantallas con los más peques: “Los niños de hoy son nativos digitales” y “cuanto antes empiecen, mejor”.  Los dos son erróneos: Ni los niños de ahora nacen con otras necesidades ni habilidades distintas de las de hace 50 o 100 años; ni es verdad que ver dibujos en el móvil de mamá o jugar con la Tablet de papá  asegure ningún aprendizaje útil ni perdurable de las tecnologías.  Pero estos dos tópicos hacen que se vendan muchos más móviles y Tablets.
  • Es tan fácil y tenemos tan a mano la posibilidad de hacer “desaparecer” a nuestros peques y sus demandas con cualquiera de las pantallas que nos rodean diariamente; y a los críos les atraen tanto que ¿Para qué ponernos de espaldas a lo que parece que nos pone a todos contentos de una manera tan fácil?
  1. Si nos paramos a pensar en nuestro día a día, pasamos la mitad del tiempo frente a una pantalla: lo primero que hacemos al levantarnos es mirar el móvil, trabajamos con ordenadores, Gps para movernos en coche, incluso para llegar andando a un sitio que no conocemos, hacemos la compra online, nuestro ocio también es con pantallas (series, películas…), incluso hacemos deporte online siguiendo canales de YouTube… Ante este panorama, cuesta ser ejemplo para nuestros hijos, ¿es real la idea de educar sin pantallas en un mundo lleno de ellas? 

Es tan real que las pantallas nos rodean, como que cada vez hay más familias que logran evitar el mal uso de las pantallas con sus hijos (al menos durante los 3 primeros años).

El solo hecho de no tener el televisor en la sala comedor, por qué los adultos de la familia ven los programas o las series en su habitación en horas en que los niños no están despiertos, es un hecho que potencia el uso responsable de pantallas por parte de los adultos y, por tanto, beneficia a los hijos. Dejar el móvil en el recibidor sin sonido cuando estamos con los hijos para no estar mirándolo y tocándolo  todo el rato, es otra muy buena práctica. Pero las pantallas no tienen por qué desaparecer: Lo que los adultos debemos hacer es un uso responsable, por el hecho de ser los modelos que nuestros hijos van a imitar. Está bien si utilizamos las pantallas para comunicarnos con amigos y familia, o para distraernos juntos bailando o cantando una canción, o viendo unos dibujos (que hemos seleccionado con criterio) y esto no ocupa más que unos minutos. El ocio familiar puede incluir las pantallas, de forma que sean estimuladoras del lenguaje, de los recuerdos, y de la interacción emocional con los padres.

Portada del libro ‘De 0 a 3, ¿nada de pantallas?

  1. Se suelen utilizar las pantallas como castigo, pero también como premio. Por ejemplo: si te comes todo, te dejo el móvil. Pero también como medio de entretenimiento cuando nuestros hijos están aburridos y hay posibilidades de que nos la líen… ¿Corremos el riesgo de estar creando a una generación anestesiada emocionalmente? 

Las pantallas tienen un gran poder de adicción con los adultos, pues ¡imagínate con los niños tan pequeños!  Como los adultos sabemos que les atraen, fácilmente podemos caer en el juego de premio/castigo con ellas.

De entrada, no es deseable una educación que se basa en el premio/castigo. Aquí me remitiría a toda la bibliografía y recursos en las redes sobre disciplina positiva.  Por lo tanto, no deberíamos hacer servir las pantallas para esto.  Es mucho mejor decirle a tu hijo: “si te comes un poco más de esto, aun que veo que te cuesta, voy a estar muy contenta». Que prometerle no sé qué o amenazarle.  Lo que hace servir para premiar/castigar pasa a tener mucho más valor, a ojos de los críos.

El uso de las pantallas como «chupete electrónico» (para calmar sus rabietas, sus llantos, su aburrimiento…) es uno de los más terribles, porque les inhibe las posibilidades de aprender a conocer y regular las emociones y, por lo tanto, de avanzar en la relación social. Cuando un niño hace una pataleta necesita un adulto que lo tranquilice y le muestre que tranquilizarse es un proceso que ahora hace su mamá o papá, pero que él puede ir aprendiendo. Si en lugar de esto, le ponemos delante de una pantalla, le estamos quitando una oportunidad de aprender algo muy valioso para toda su vida: gestionar sus emociones en contextos sociales.

  1. Hablas de la importancia de aprender a esperar y de cómo las pantallas impiden a nuestros hijos a hacerlo… ¿En qué sentido? 

Las imágenes, los dibujos, los juegos, las Apss… para pequeños tienen un ritmo muy superior a la realidad. Los fabricantes saben que a los niños les atraen las cosas cambiantes, los colores llamativos, los sonidos sobresalientes, y montan sus productos con todos los ingredientes para “atrapar” a los pequeños.

Pero en realidad, el juego, las relaciones entre las personas de la familia,  las comidas, el aprender a andar, saltar, ir en bicicleta, el hojear un libro de cuentos, tiene un ritmo más pausado (más de acuerdo con las necesidades infantiles, tal como lo expresamos en el vídeo de la campaña #de0a3NADAdePantallas).

La crianza y la educación tienen una dimensión temporal que los padres “deciden”, y que incluye los intervalos de sueño y vigilia, el tiempo entra comidas, el estar o no estar en presencia del pequeño, Y ahí está la espera. La capacidad que va desarrollando de contener el propio deseo hasta que se puede satisfacer, para dar más tiempo a la acción, o para darse otras oportunidades.

Está demostrado que los niños a los que se les ha dejado un tiempo abusivo de pantallas tiene muchos más problemas de autocontención y de tolerancia a la espera. En mi web hay más información de los perjuicios que el abuso de las pantallas pueden originar.

  1. También hablas de la importancia de la mirada para que un niño crezca sano emocionalmente. Pero la mirada de los padres también pasa muchas horas fijada en las pantallas… ¿cómo afecta esto a nuestros hijos? 

Cuando hablo con madres embarazadas, les digo que antes de la llegada de su hijo sería bueno empezar el control sobre su uso de pantallas. Hay muchas apps que te permiten tener una idea del tiempo que pasamos con el móvil y qué aplicaciones se llevan más minutos u horas de nuestra atención.

Desde que la pandemia nos ha impuesto el teletrabajo, esto se ha complicado. Lo bueno es explicar a los niños desde muy pequeños que las pantallas las utilizamos fundamentalmente para 3 cosas: trabajar, distraernos y conectar con otros. Y que nuestra actitud sea bien distinguible cuando hacemos una u otra cosa. Pero un hijo es mucho más importante que cualquiera aplicación o distracción y que muchas de las comunicaciones que hacemos con las pantallas.

En los primeros días, meses y años de la vida de una criatura se produce un desarrollo vital que solo se da en buenas condiciones si hay un vínculo potente y correcto con los padres. Para construir este vínculo hace falta: atención plena, mirada y tacto. Esto no quiere decir que criar significa dejarlo todo, pero sí dejar algunas cosas para darle tiempo y atención a los hijos al menos durante las horas en que convivimos con ellos.

Lo importante para no caer en la tentación fácil de darles pantallas es tener muchas otras alternativas preparadas de antemano, e irlas dosificando. No dejar todos los juguetes a mano del niño o niña, e ir sacando uno cada semana y guardando otro. Adecuar la sala comedor a los juegos y desplazamientos del crío, tirar de mil cosas atractivas que no son juguetes y que situados creativamente pueden propiciar mucho rato de distracción y aprendizajes interesantes (cajas de cartón, paredes donde se pueda pintar, rincones debajo de una mesa donde esconderse, etc. En mi Pinterest voy almacenando buenas propuestas.)

 Muchas de las madres y padres que nos estén leyendo, ya habrán introducido las pantallas en el día a día de sus hijos, ¿algún consejo para iniciar una desconexión? 

¡Siempre es posible dar marcha atrás y quitar pantallas de dónde las habíamos introducido! ¡Claro que sí!

Para lograrlo hacen falta dos cosas: nuestra fuerza de voluntad (como adultos) y el encontrar una oportunidad y no desaprovecharla. De manera muy similar al proceso que hacemos los adultos para retirar el chupete.

Por poner un ejemplo: Si hemos introducido las pantallas durante las comidas y queremos quitarlas, tenemos que aprovechar un cambio, como el estar unos días en otra casa (de vacaciones …) o el sentar al crío en la mesa con nosotros, o el introducir unos alimentos que le van a gustar, o una vajilla infantil bonita para él o ella, para que la pantalla ya haya desaparecido antes de que empiece la comida. Y si el crío pregunta por ella, explicarle que la hemos quitado porque ahora sabemos es mejor así, y que también hemos introducido otro cambio: el positivo. La capacidad de los adultos de mantener el cambio mostrándose más contentos por lo que todos van a ganar es decisiva.

Una cosa que se ha demostrado muy facilitadora de estos cambios son los retos (challenge) en grupo: Si unas cuantas familias de la escuela infantil, o de la familia se proponen como reto retirar las pantallas simultáneamente, se dan fuerza las unas a las otras y todas ganan, como pasa cuando alguien quiere dejar de fumar y se alía con una amiga para lograrlo entre las dos. Los retos compartidos son más divertidos y tienen un porcentaje de éxito mucho mayor.

Artículo publicado en FamilyOn

De o a 3 años, ¿nada de pantallas?

 

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